La nota 2 de la polemica: El enemigo principal, segunda nota de Norberto Galasso en P12
Posted by Durruti in Polemica Galasso-Proyecto Sur on March 3rd, 2009
Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en Página 12) Por Norberto Galasso *
En Página/12, el 17 de febrero último, el compañero Luis Brunati se suma a la polémica que venimos desarrollando acerca de si Proyecto Sur debe atacar frontalmente y con todo furor al Gobierno, considerándolo el enemigo principal, como lo está haciendo (Pino dice: “Kirchner es perverso”, “traidor”, “el Gobierno es antinacional y antipopular”, “Scalabrini Ortiz y Jauretche habrían visto con simpatía esta protesta rural”, “Scalabrini no estaría en Carta Abierta”, etc.) o si, en cambio, corresponde una crítica lateral, reconociendo aciertos –empujando, para profundizarlos– y señalando errores. Aquí reside el aspecto central de la discusión: quién es el enemigo principal, que ahora retoma Brunati.
Le contesto: lea el compañero Luis el diario La Nación, mire los noticiosos de TN, observe la perversidad de la casi totalidad del periodismo televisivo y la opinión de la casi totalidad de la dirigencia que aparece en “los medios” –ferozmente opositora al Gobierno– y se convencerá de que no puede coincidir con ellos. López Murphy, Carrió, Escribano, Grondona, la Mesa de Enlace agropecuaria, Longobardi y tantos otros saben bien quién es “el enemigo principal de ellos” y en este momento le apuntan agresivamente, con burlas y saña, al kirchnerismo. Por tanto, Luis, éste no puede ser, al mismo tiempo, el enemigo principal de Proyecto Sur.
Esta gente antinacional y antipopular pretendió “desgastar” al Gobierno, quiso voltearlo con un cacerolazo, logró debilitarlo con sus cortes de ruta, se apropió del cerebro de gran parte de los sectores medios reverdeciendo el gorilismo, apelando al racismo “anticabecita”, al machismo –incluso al “machismo de las mujeres”– ensañándose con Cristina y ahora intenta organizar algo parecido a la Unión Democrática, aunque en dos alas. Una, la liberal-oligárquica de Carrió –UCR en declinación conservadora, traidores como Cobos y hombres de paja del imperio como “el Bulldog”, con el aporte de la hija de Pepe Estensoro y la prepotencia aristocrática de una Bullrich Luro Pueyrredón, renegada de sus osadías juveniles. La otra, la monstruosa degeneración de un sector del peronismo, que retoma la línea menemista-duhaldista, con millonarios como De Narváez, oportunistas como Solá y el fantasma del viejo Pinedo resurrecto en su nieto. Todos ellos, juntos o separados, se esmeran por bajar el telón sobre la experiencia de Néstor y Cristina. A su vez, Fidel, Chávez, Lula, Evo y Correa no quieren que esto ocurra porque consideran a la pareja como compañeros del hundimiento del ALCA y de la necesaria reunificación de América latina con Banco del Sur, moneda latinoamericana y comité de defensa ante cualquier prepotencia imperialista.
De esto no hay duda alguna. Vos me decís en tu artículo que también son enemigos Bunge y Born, Urquía, la Aceitera General Deheza, Monsanto, etc., ¡qué duda cabe! Sólo que el diputado de Proyecto Sur votó a favor de esos intereses sojeros contra la Resolución 125 con el alborozo de La Nación, Clarín, Perfil y otros (lo menos que cabía era abstenerse). También mencionás a otros que, esos sí, hacen buenos negocios como las grandes empresas mineras y petroleras. No eludí este tema –como me criticás por mi nota anterior– ni lo eludo ahora. Digo que hay “amigos del poder”, efectivamente, como también los hay en todos los movimientos que algunos catedráticos llaman despectivamente “populistas”, incluso en el peronismo del ’45.
Pero esos negocios no alcanzan para confundir los campos. Son suficientes sí, para señalar compromisos, contradicciones, concesiones del Gobierno. Por eso hay que empujarlo, movilizando al pueblo, para que profundice su política y adopte medidas audaces en esas áreas hoy sujetas al saqueo. Pero no podés caracterizar al Gobierno solamente por esta cuestión, como ocurría con radicales y nacionalistas que conspiraban contra Perón diciendo que entregaba el petróleo o no había nacionalizado la CADE. También te puedo recordar que Perón, seguramente a disgusto, llevó al balcón de la Rosada al asesino de Sandino. ¿Esta actitud tan criticable invalidaba las nacionalizaciones, el no ingreso al FMI, el más del 50 por ciento de la participación de los trabajadores en el ingreso y tantas otras cosas positivas?
Evidentemente, no. Había que hacerse el distraído si se estaba dentro del peronismo o criticarlo lateralmente, sin dejar de reconocer el carácter nacional y popular del gobierno, si se estaba en la izquierda nacional (porque de la otra izquierda mejor no hablar). Fue también una concesión cuando el General encarceló a los exilados guatemaltecos del gobierno de Arbenz derrocado por los yanquis. De esta desgraciada medida algunos sacaron la conclusión de que el gobierno era proimperialista, lo recuerdo. Así actuó gente honesta, con grandes ilusiones y quimeras. Lenin también los soportó y los calificó como “el izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”. Como vos sabés, colaboraron para que llegaran los Rojas y Aramburu, quienes liberaron a los guatemaltecos, pero fusilaron a los trabajadores peronistas y dictaron el 4161 y todo lo demás.
En mi anterior artículo decía que me sorprende que compañeros de larga lucha en el peronismo no comprendan las vacilaciones de los gobiernos policlasistas, que también las tuvo el peronismo, aun en sus mejores momentos (Actas de Chapultepec, ¿te acordás?). También me sorprende que omitan los avances de este gobierno y algo tan caro al peronismo como son los derechos de los trabajadores. Porque ahora no sólo hubo disminución de la desocupación y recupero de las paritarias, sino que desde la Comisión parlamentaria de Legislación Laboral presidida por Héctor Recalde se recuperaron conquistas que el menemismo había destruido (sextuplicación del salario mínimo, vital y móvil, suspensión de despidos sin causa, derogación de la ley Banelco, prohibición de uso de banderas extranjeras en los buques para eludir la legislación laboral argentina, limitación a ocho horas de la jornada para peones rurales, modificación de la ley de pasantías, el “dubio pro operario” en juicios laborales, jueces laborales en materia de quiebras, etc.). Y esto no lo promueve “el enemigo principal”, sino el Frente para la Victoria.
Es correcto que Proyecto Sur critique, pero, por favor, no desde el campo del enemigo, no desde La Nación y Perfil, ni en los programas de los periodistas del imperio, que se solazan escuchando las críticas. Elogien lo elogiable y critiquen lo criticable, pero con sumo cuidado para no ser funcionales a la reacción. Crezcan, desarróllense, si pueden, cabalgando junto a lo mejor del Gobierno y cuando deban votar, no le den pasto al enemigo.
También ha salido al ruedo, por correo electrónico, otro dirigente y amigo, Mario Mazitelli, quien señala que la política del imperio es “la alternancia”. Según él, el imperialismo deja hacer al centroizquierda hoy, después en 2011 vendrá la centroderecha y así sucesivamente mientras Proyecto Sur –sostiene un militante honesto como Mario– construye el partido “para hacer la revolución social”. Este supuesto poder inmenso de los sectores dominantes previendo varios gobiernos y manejando a su gusto a todos los argentinos –menos a Proyecto Sur– me sorprende porque se sustenta en categorías liberales, como centroizquierda o centroderecha, que utilizan Morales Solá y sus congéneres. Creo, en cambio, que hay una cuestión nacional que divide a la sociedad en antiimperialistas y proimperialistas y una cuestión social que la divide en explotadores y explotados. Del ensamble de ambas cuestiones nace un proyecto de Liberación Nacional en marcha hacia el socialismo.
Pero esta polémica no la voy a seguir por dos motivos. La primera, porque la egolatría es mala consejera. Y esto de que la plana mayor de Proyecto Sur (sólo faltás vos, Carlitos del Frade, y espero que no lo hagas) se prodigue en discutir conmigo puede provocarme cierta vanidad y apartarme de aquello que aconsejaba Scalabrini: “Ser uno cualquiera que sabe que es uno cualquiera”. La segunda, porque aparecen quienes rebajan el nivel de la discusión, como un tal José Luis que por correo electrónico intenta descalificarme tratándome benévolamente de “anciano”. Como se comprende, a los 72, no estoy para coqueterías, pero si la calificación viene de Proyecto Sur les advierto que si yo soy anciano, Pino es seis meses más anciano que yo.
Pero no es así, Pino, vos y yo sabemos que no somos viejos. Ocurre simplemente –como decía Jauretche– que hace muchos años que somos jóvenes y mantenemos la juventud suficiente para polemizar acerca del destino de esta América latina que insoslayablemente va hacia la unidad y al socialismo. Y, por mi parte, bajo el telón sobre esta polémica, en la certeza de que tarde o temprano las duras luchas por la liberación nacional y social nos encontrarán a todos nosotros, otra vez juntos, en la misma vereda de siempre.
* Historiador y ensayista. (Agencia Paco Urondo)
La nota 1 de la polemica: Los aliados posibles y el enemigo principal, por Norberto Galasso
Posted by Durruti in Polemica Galasso-Proyecto Sur on March 3rd, 2009
Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Página 12) En Página/12, el 17 de febrero último, el compañero Luis Brunati se suma a la polémica que venimos desarrollando acerca de si Proyecto Sur debe atacar frontalmente y con todo furor al Gobierno, considerándolo el enemigo principal, como lo está haciendo (Pino dice: “Kirchner es perverso”, “traidor”, “el Gobierno es antinacional y antipopular”, “Scalabrini Ortiz y Jauretche habrían visto con simpatía esta protesta rural”, “Scalabrini no estaría en Carta Abierta”, etc.) o si, en cambio, corresponde una crítica lateral, reconociendo aciertos –empujando, para profundizarlos– y señalando errores. Aquí reside el aspecto central de la discusión: quién es el enemigo principal, que ahora retoma Brunati.
Le contesto: lea el compañero Luis el diario La Nación, mire los noticiosos de TN, observe la perversidad de la casi totalidad del periodismo televisivo y la opinión de la casi totalidad de la dirigencia que aparece en “los medios” –ferozmente opositora al Gobierno– y se convencerá de que no puede coincidir con ellos. López Murphy, Carrió, Escribano, Grondona, la Mesa de Enlace agropecuaria, Longobardi y tantos otros saben bien quién es “el enemigo principal de ellos” y en este momento le apuntan agresivamente, con burlas y saña, al kirchnerismo. Por tanto, Luis, éste no puede ser, al mismo tiempo, el enemigo principal de Proyecto Sur.
Esta gente antinacional y antipopular pretendió “desgastar” al Gobierno, quiso voltearlo con un cacerolazo, logró debilitarlo con sus cortes de ruta, se apropió del cerebro de gran parte de los sectores medios reverdeciendo el gorilismo, apelando al racismo “anticabecita”, al machismo –incluso al “machismo de las mujeres”– ensañándose con Cristina y ahora intenta organizar algo parecido a la Unión Democrática, aunque en dos alas. Una, la liberal-oligárquica de Carrió –UCR en declinación conservadora, traidores como Cobos y hombres de paja del imperio como “el Bulldog”, con el aporte de la hija de Pepe Estensoro y la prepotencia aristocrática de una Bullrich Luro Pueyrredón, renegada de sus osadías juveniles. La otra, la monstruosa degeneración de un sector del peronismo, que retoma la línea menemista-duhaldista, con millonarios como De Narváez, oportunistas como Solá y el fantasma del viejo Pinedo resurrecto en su nieto. Todos ellos, juntos o separados, se esmeran por bajar el telón sobre la experiencia de Néstor y Cristina. A su vez, Fidel, Chávez, Lula, Evo y Correa no quieren que esto ocurra porque consideran a la pareja como compañeros del hundimiento del ALCA y de la necesaria reunificación de América latina con Banco del Sur, moneda latinoamericana y comité de defensa ante cualquier prepotencia imperialista.
De esto no hay duda alguna. Vos me decís en tu artículo que también son enemigos Bunge y Born, Urquía, la Aceitera General Deheza, Monsanto, etc., ¡qué duda cabe! Sólo que el diputado de Proyecto Sur votó a favor de esos intereses sojeros contra la Resolución 125 con el alborozo de La Nación, Clarín, Perfil y otros (lo menos que cabía era abstenerse). También mencionás a otros que, esos sí, hacen buenos negocios como las grandes empresas mineras y petroleras. No eludí este tema –como me criticás por mi nota anterior– ni lo eludo ahora. Digo que hay “amigos del poder”, efectivamente, como también los hay en todos los movimientos que algunos catedráticos llaman despectivamente “populistas”, incluso en el peronismo del ’45. Pero esos negocios no alcanzan para confundir los campos. Son suficientes sí, para señalar compromisos, contradicciones, concesiones del Gobierno. Por eso hay que empujarlo, movilizando al pueblo, para que profundice su política y adopte medidas audaces en esas áreas hoy sujetas al saqueo. Pero no podés caracterizar al Gobierno solamente por esta cuestión, como ocurría con radicales y nacionalistas que conspiraban contra Perón diciendo que entregaba el petróleo o no había nacionalizado la CADE. También te puedo recordar que Perón, seguramente a disgusto, llevó al balcón de la Rosada al asesino de Sandino. ¿Esta actitud tan criticable invalidaba las nacionalizaciones, el no ingreso al FMI, el más del 50 por ciento de la participación de los trabajadores en el ingreso y tantas otras cosas positivas? Evidentemente, no. Había que hacerse el distraído si se estaba dentro del peronismo o criticarlo lateralmente, sin dejar de reconocer el carácter nacional y popular del gobierno, si se estaba en la izquierda nacional (porque de la otra izquierda mejor no hablar). Fue también una concesión cuando el General encarceló a los exilados guatemaltecos del gobierno de Arbenz derrocado por los yanquis. De esta desgraciada medida algunos sacaron la conclusión de que el gobierno era proimperialista, lo recuerdo. Así actuó gente honesta, con grandes ilusiones y quimeras. Lenin también los soportó y los calificó como “el izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”. Como vos sabés, colaboraron para que llegaran los Rojas y Aramburu, quienes liberaron a los guatemaltecos, pero fusilaron a los trabajadores peronistas y dictaron el 4161 y todo lo demás.
En mi anterior artículo decía que me sorprende que compañeros de larga lucha en el peronismo no comprendan las vacilaciones de los gobiernos policlasistas, que también las tuvo el peronismo, aun en sus mejores momentos (Actas de Chapultepec, ¿te acordás?). También me sorprende que omitan los avances de este gobierno y algo tan caro al peronismo como son los derechos de los trabajadores. Porque ahora no sólo hubo disminución de la desocupación y recupero de las paritarias, sino que desde la Comisión parlamentaria de Legislación Laboral presidida por Héctor Recalde se recuperaron conquistas que el menemismo había destruido (sextuplicación del salario mínimo, vital y móvil, suspensión de despidos sin causa, derogación de la ley Banelco, prohibición de uso de banderas extranjeras en los buques para eludir la legislación laboral argentina, limitación a ocho horas de la jornada para peones rurales, modificación de la ley de pasantías, el “dubio pro operario” en juicios laborales, jueces laborales en materia de quiebras, etc.). Y esto no lo promueve “el enemigo principal”, sino el Frente para la Victoria.
Es correcto que Proyecto Sur critique, pero, por favor, no desde el campo del enemigo, no desde La Nación y Perfil, ni en los programas de los periodistas del imperio, que se solazan escuchando las críticas. Elogien lo elogiable y critiquen lo criticable, pero con sumo cuidado para no ser funcionales a la reacción. Crezcan, desarróllense, si pueden, cabalgando junto a lo mejor del Gobierno y cuando deban votar, no le den pasto al enemigo.
También ha salido al ruedo, por correo electrónico, otro dirigente y amigo, Mario Mazitelli, quien señala que la política del imperio es “la alternancia”. Según él, el imperialismo deja hacer al centroizquierda hoy, después en 2011 vendrá la centroderecha y así sucesivamente mientras Proyecto Sur –sostiene un militante honesto como Mario– construye el partido “para hacer la revolución social”. Este supuesto poder inmenso de los sectores dominantes previendo varios gobiernos y manejando a su gusto a todos los argentinos –menos a Proyecto Sur– me sorprende porque se sustenta en categorías liberales, como centroizquierda o centroderecha, que utilizan Morales Solá y sus congéneres. Creo, en cambio, que hay una cuestión nacional que divide a la sociedad en antiimperialistas y proimperialistas y una cuestión social que la divide en explotadores y explotados. Del ensamble de ambas cuestiones nace un proyecto de Liberación Nacional en marcha hacia el socialismo.
Pero esta polémica no la voy a seguir por dos motivos. La primera, porque la egolatría es mala consejera. Y esto de que la plana mayor de Proyecto Sur (sólo faltás vos, Carlitos del Frade, y espero que no lo hagas) se prodigue en discutir conmigo puede provocarme cierta vanidad y apartarme de aquello que aconsejaba Scalabrini: “Ser uno cualquiera que sabe que es uno cualquiera”. La segunda, porque aparecen quienes rebajan el nivel de la discusión, como un tal José Luis que por correo electrónico intenta descalificarme tratándome benévolamente de “anciano”. Como se comprende, a los 72, no estoy para coqueterías, pero si la calificación viene de Proyecto Sur les advierto que si yo soy anciano, Pino es seis meses más anciano que yo.
Pero no es así, Pino, vos y yo sabemos que no somos viejos. Ocurre simplemente –como decía Jauretche– que hace muchos años que somos jóvenes y mantenemos la juventud suficiente para polemizar acerca del destino de esta América latina que insoslayablemente va hacia la unidad y al socialismo. Y, por mi parte, bajo el telón sobre esta polémica, en la certeza de que tarde o temprano las duras luchas por la liberación nacional y social nos encontrarán a todos nosotros, otra vez juntos, en la misma vereda de siempre. (Agencia Paco Urondo)
Respuesta de Norberto Galasso, a lo que considera un agravio de Proyecto Sur
Posted by Durruti in Polemica Galasso-Proyecto Sur, Politica on February 5th, 2010
Por: Norberto Galasso

El 19 de enero último (2010), desde INFOSUR, página web de Proyecto Sur, me han lanzado un agravio que me veo obligado a responder.
Ver nota: “La deuda ha operado como un instrumento de saqueo y sumisión semicolonial”
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Desde INFOSUR me califican de “gran historiador”, autor de “un libro fabuloso”, “una obra clásica sobre la Deuda Externa”, al igual que la “maravillosa biografía San Martín” y me tratan reiteradamente de “querido compañero”, para, después, lanzarme esta baja puñalada: “¿Qué hacemos ahora con esas cuatrocientos páginas (del libro sobre la Deuda Externa)…?”, como diciendo: “nos las vamos a meter en cierta parte” pues el autor sería un traidor, se habría quebrado, estaría al servicio del gran capital financiero internacional. Todo esto con motivo de que he sostenido que “ahora es difícil desentrañar la ilicitud de parte de la deuda” y que varios gobiernos le han dado “una especie de legalización” al renegociar sobre ella aunque igualmente “hay que investigar los ilícitos”, pero que lo más importante “es unir a América Latina en el no pago y patear el tablero” porque la cuestión no es tanto tener razón “sino tener fuerza”.
Curiosamente, la nota de Infosur prueba mi coherencia. Se inicia con una frase de mi libro: “La deuda ha operado como un instrumento de saqueo y sumisión semicolonial” (2002).Y concluye con otra declaración mía, actual: “Ahora hay que favorecer la unidad latinoamericana y proponer que todos los países denuncien que fueron estafados y que no se paga”. Mayor coherencia, imposible. En “Cash”, del 24/1/2010, sostuve lo mismo: “Hay que investigar y reforzar nuestro poder para decidir en conjunto. A las finanzas internacionales no les importa cuándo (ni cómo) se contrajo la deuda. Hay que finalizar este proceso de otra manera, a partir de la unidad latinoamericana, donde todos los países puedan expresar una opinión común frente a los acreedores internacionales”.
Es decir, hay que investigar y hay que poseer suficiente fuerza para no pagar. Hoy no contamos ni con una cosa, ni con la otra, pero el objetivo final es el no pago. Disentimos, eso sí, en la táctica, como también disentimos en la táctica general que desarrolla Proyecto Sur en política.
¿En que disentimos? En primer término, en que no se trata de quien grita más fuerte ni quién se escandaliza moralmente contra los piratas internacionales, sino en tener la fuerza suficiente: un pueblo movilizado y consciente del problema, capaz -como lo han sido los cubanos- de aguantarse todas las represalias, inclusive un bloqueo. Por eso, es imprescindible una acción concertada de América Latina -que va camino a su unificación- para patear el tablero. En la discusión con los filibusteros, estábamos mucho mejor parados en 1983, como ha dicho la Presidenta, porque salíamos de una dictadura y habíamos allanado el estudio Klein Mairal y Olmos había presentado su acusación… pero también es cierto que no teníamos fuerza y Alfonsín tampoco tuvo audacia y concluyó claudicando en ésta, como en otras cuestiones. Después hubo canje de títulos que complican nuestra argumentación respecto al comprador de buena fe y sucesivos gobiernos pagaron y renegociaron y se negaron a analizar lo rescatado en el estudio Klein, así como la acusación de Olmos que el juez Ballesteros remitió al Congreso. En 1999, recuerdo que fuimos al Congreso con Olmos, Norberto Acerbi, Luis Donikian, Carlos Juliá y unos pocos más -no estaban muchos que ahora levantan su voz y celebro que ahora lo hagan-, pero, entre los diputados, solo Alfredo Bravo y Luis Zamora –más allá de mi disidencia política con ellos- se preocuparon por escuchar el alegato de Olmos. Y no pasó nada.
Después vinieron otras negociaciones, entre ellas, la quita de la época kirchnerista. Nos guste o no, implícitamente también la quita significó lo que llamé “una especie de legalización” y que tanto ha irritado a Infosur. Pero de ninguna manera digo que no hay que investigar. Tampoco propongo no pagar mientras no tengamos fuerza para desconocerla. En fin, insisto, se trata de diferentes tácticas, porque las tácticas cambian según el momento histórico y no hay por qué injuriar ni descalificar cuando coincidimos en lo central: que fue una estafa y que, cuando podamos, debemos declarar que la deuda es cero. Ahora bien, como el “querido compañero” se preocupa y no sabe en qué lugar colocarse mis 400 páginas del libro De la Banca Baring al FMI, voy a tranquilizarlo con respecto a mi supuesta traición.
Entonces, empiezo para disipar dudas: con 50 libros publicados (discúlpeme pero hay tanto soberbio suelto que por una vez puedo violar mi modestia) nunca he sido invitado al programa de Mariano Grondona, ni he almorzado con Mirtha Legrand, ni me he abrazado con gorilas como Carrió, ni he coincidido con Pinedo (ni el abuelo, ni el nieto), ni he sido cómplice de la Sociedad Rural en ninguna votación. Tampoco me reportean ni “La Nación” ni “Clarín”, así que puede estar tranquilo. Esa gente sí tiene conciencia de clase, no la que supone Pitrola que deberían tener los trabajadores. Son clasistas en serio y hay que tener cuidado porque a veces son muy amables y si pueden, lo usan a uno.
Le sigo contando para que vea que no estoy “quebrado”. Vivo en Parque Chacabuco, un barrio de clase media, en una casa con pileta… de lavar la ropa. Una sola casa (herencia familiar) no dos, porque se sabe que alguna gente tiene dos: una para vivir y otra para albergar el ego. Tampoco tengo auto. Viajo en subte (vocación de minero, como decía Unamuno). Futbolísticamente soy de San Lorenzo que ya es demasiada carga para andar por la vida. Cobro la jubilación mínima y subsistimos con mi familia con algunos derechos de autor y un modesto alquiler de un local de esa vieja casa paterna… Usted, “querido compañero”, dirá seguramente: -Aquí te pillé, ¡eres rentista! (Carlos Marx seguramente no me lo reprocharía y sabría comprenderme ya que, salvando las distancias, no tengo ningún Federico Engels a mano.
No soy revisionista a secas, como usted dice, confundiéndome (por ignorancia o por picardía) con Ibarguren o Irazusta. No soy rosista, soy de la línea: Moreno, Artigas, Dorrego, los caudillos federales (en especial El Chacho y Felipe Varela), el PAN en su época antimitrista, Yrigoyen y Perón. Esta reivindicación, hecha desde una Izquierda Nacional, que apoya todo movimiento antiimperialista tratando siempre de mantener su independencia ideológica, política y organizativa, es decir, “Frente Obrero” en el 45, representada luego, por bastante tiempo por Abelardo Ramos, salvo sus últimos años. Asimismo, me siento latinoamericano de Martí, Sandino, Fidel, El Che, Evo, Chávez, Correa y tantos otros. Me considero, sobre todo un militante y por ello he sacrificado mi interés por la literatura y la cinematografía. En música, cero. Salvando también la distancia, digo, como Jauretche, que no distingo la marcha peronista de la marcha de la libertad. Desde esa perspectiva de I. N., estoy más a gusto en la CGT de Moyano o en la CMP de D’Elía, que viajando por Europa o asistiendo a fiestas de embajada. No soy kirchnerista pero apoyo a este gobierno. Lo considero lo mejor que hubo desde que murió Perón, más allá de limitaciones y carencias, que son propias de una sociedad fuertemente golpeada por la dictadura genocida, la frustración de Alfonsín, la traición de Menem, la estupidez de De la Rúa, el derechismo de Duhalde, etc.. Me defino así porque creo conocer donde está el enemigo principal, la correlación de fuerzas y el nivel de conciencia política de los trabajadores y de los sectores medios (algunos de éstos, me aterran). Por eso, jamás se me ocurriría hacerle juicio penal a Cristina por mal desempeño, porque no corresponde y porque la pondría al borde del juicio político, para solaz de Cobos y la “nueva unidad democrática” y además porque entonces eso debiera habérselo hecho a todos los presidentes anteriores (incluso legisladores) y hacerlo ahora es demasiada complicidad con los destituyentes. Este gobierno avanza todo lo que puede y si llegase a caer, no deliremos que va a venir algo mejor, sino la derecha más reaccionaria.
Algo más: integro la corriente política Enrique Santos Discépolo, dirijo el mensuario “Señales Populares”, adscribo a Carta Abierta. En lo fundamental, tengo la certeza de que el futuro es nuestro, de los trabajadores, en el camino de la liberación nacional y la unidad latinoamericana, hacia el socialismo. Sólo ocurre que, “como lechuza largamente cascoteada”, sé distinguir los enemigos y los tiempos. Creo que Trotsky era el que decía que hay gente que confunde 1905 con 1917 ó, ahora en el bicentenario, 1810 con 1816. Y para terminar, me acuerdo de Cooke. El le decía a Hernández Arregui: el intelectual se define sobre el trazo largo de la historia, pero el político tiene que definirse hoy y aquí, todos los días, teniendo presente aquellos objetivos finales, pero sin perder conciencia de en qué momento y en qué lugar está actuando. Creo que algo de esto es lo que nos aleja. Disculpen la extensión pero, en verdad, preferiría que no se ocupasen de mí y profundizasen la discusión sobre la naturaleza histórica del kirchnerismo y cuál es la mejor forma de ayudar a Argentina y al resto de América Latina en estas luchas que van hacia el 2011. Con un saludo,
Norberto Galasso
“La deuda ha operado como un instrumento de saqueo y sumisión semicolonial”
Posted by Durruti in Polemica Galasso-Proyecto Sur, Politica, Respuestas a Galasso on February 5th, 2010
Por Alejandro Jasinski – De la Redacción InfoSUR Esta definición corresponde al gran historiador Norberto Galasso. Fue hace apenas 6 años, en ocasión de su importante investigación histórica sobre la deuda externa argentina. Ahora, sostiene que no se puede cuestionar su legitimidad porque ha sufrido en los últimos años una “especie de legalización”. Desde InfoSUR, reproducimos parcialmente las conclusiones de su libro, dedicado a la militancia popular y libertaria.
“Desde la contratación del primer empréstito (1824), la deuda externa ha operado como un instrumento de saqueo y sumisión semicolonial”. Así decía el historiador Norberto Galasso, al comenzar la introducción de uno de sus principales libros, entre tantos otros que acercaron una lectura de la historia argentina desde los sectores nacionales y populares. También sostenía que “esta obra cumple alguna función en el sentido de ayudar a comprender la historia de nuestra dependencia”.
Este es el comienzo del libro “De la banca Baring al FMI”, del año 2003, de este hijo y continuador del revisionismo histórico argentino, donde se enhebra un relato historicista, año por año, crónica por crónica, de este “gran instrumento de saqueo y sometimiento”.
Allí también, Galasso recordaba, en algunas páginas, a este “gran patriota” que fue Alejandro Olmos y su denuncia: “Con notable perseverancia, Olmos activa permanentemente con nuevas comprobaciones y testimonios (…) para demostrar que la deuda y su ilicitud constituyen claves para el destino de nuestro país.”
La claridad de la exposición de este gran historiador, su capacidad didáctica, era acompañada por la propuesta, un clásico en la narrativa revisionista. El último capítulo, se dedicaba a este punto justamente. “Esclavitud nacional”, “Expoliación social”, “El gran frente de las mayorías populares”, algunos de los apartados, para finalizar con uno que reproduciremos parcialmente, porque un clásico es un clásico, no pierde vigencia, y porque no queremos intervenir la claridad de una propuesta actualizada para terminar con este latrocinio financiero.
“¿Y la deuda externa?”
“En este trabajo se ha insistido en la doble opresión que significa la deuda externa, tanto sea el saqueo permanente, como la imposición de planes económicos expoliadores. Se ha insistido, asimismo, en su ilegitimidad, proveniente no solo de operaciones fraudulentas sino de tasas usurarias. Además, su crecimiento determina hoy la imposibilidad de su pago.”
(…)
“Desde hace ya varios años, Fidel Castro se ha preocupado por denunciar las causas originarias de la gravosa deuda externa que pesa sobre tantos países: tasas usurarias, discriminación comercial, intercambio desigual, sobrevaluación del dólar, etc. En agosto de 1985, se refirió especialmente a estas cuestiones, como así también a la impagabilidad de la deuda (…) Castro formula la necesidad de organizar un club de deudores, como condición insoslayable para defender los intereses de América Latina y del Tercer Mundo, en general.”
(…)
“Desde otra óptica, en noviembre de 1999, el Papa Juan Pablo II proclama el Jubileo del año 2000 con un llamamiento a las grandes potencias ‘a fin de que condonen, parcial o totalmente, las deudas contraídas a nivel internacional.’ (…) Asimismo, diversas organizaciones políticas y entidades sociales intensifican su militancia denunciando la ilegitimidad del endeudamiento y exigiendo el ‘no pago’. En Buenos Aires, se realizan –durante el año 2000- diversas actividades de este tipo, algunas impulsadas por el Foro Argentino de la Deuda Externa, alentado por Alejandro Olmos (…) Desde el sufrido norte, llega, a su vez la voz del obispo Joaquín Olmedo: ‘Ustedes han hecho de la vida un paisaje de la muerte. La deuda externa ilegítima e inmoral está provocando en el mundo la muerte prematura de millones de inocentes…”
(…)
“Últimamente, Alfredo Eric Calcagno sostiene: ‘Antes de preguntar qué posibilidades hay de pagar, habría que saber si queda algo legítimo por pagar. Porque la deuda contraída por la dictadura entre 1976 y 1982, debería haber quedado paga en 1988. Y la asumida durante los 90, igual que aquella, lo fue a intereses usurarios, una práctica condenada en todas las legislaciones serias del mundo’. Por lo tanto, debe plantearse el desconocimiento de toda deuda externa originada en maniobras financieras tramposas, como autopréstamos, facturaciones indebidas de exportaciones e importaciones, maniobras con paraísos fiscales, etc., así como también exigir que todos aquellos intereses que se han pagado por encima de tasas razonables se imputen a amortización de deuda, con lo cual el endeudamiento queda reducido a cero.”
(…)
“Pero, como se comprende, frente a la avidez de las burguesías imperialistas no solo se trata de argumentos con verdad y razón, sino de poseer decisión y la fuerza suficiente, lo cual solo es posible mediante gobiernos auténticamente populares, concertados férreamente para acabar con esta pesadilla. La resolución de la cuestión de la deuda externa se inserta, pues, para nosotros, en la lucha por la liberación, unificación y transformación de América Latina.”
Una “especie” de resignación
Así terminaba el fabuloso libro para lectura militante, para la educación en un proyecto popular, de igual énfasis libertario como la maravillosa biografía sobre San Martín.
Los que así entendimos este libro, nos quedaremos allí, porque quiere decirnos querido compañero Galasso, ¿qué hacemos con estas cuatrocientas páginas que nos devoramos, ahora que usted nos dice en un reportaje de actualidad que “la deuda que impugnaba Olmos no tiene nada que ver con la actual”? ¿Cuándo se produjo ese pozo ciego en su relato, si el libro termina en el año 2000 y no en el primer gobierno democrático, como gusta decir a la presidente Cristina Fernández?
También dice ahora que “es casi imposible desentrañarla” y considera que “los sucesivos gobiernos la han aceptado, han negociado sobre ella y realizaron una especie de legalización”. ¡Una “especie de legalización”! ¿Usted se refiere a una “especie de legalización” de ese “instrumento de saqueo y sometimiento” al que le dedicó 400 páginas? Compañero Galasso, a cada “especie de legalización” de las que usted menciona, le corresponde un compendio de ilicitudes y nuevas causas en la Justicia argentina, y unos cuantos tomos sobre doctrinas jurídicas de las cuales servirse, como la doctrina de la “deuda odiosa” o la del “delito de ejecución continuada”. En otra nota se lo comentaremos.
Finalmente, termina aduciendo que “ahora hay que favorecer la unidad latinoamericana y proponer que todos los países denuncien que fueron estafados y que no se paga”. Bueno, pues, le informamos que Ecuador ya comenzó. Sería bueno, por la unidad latinoamericana, acompañar a estos hermanos de la Patria Grande.
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Y dale con que el chancho es ñato! o las taras de los que no entendieron una goma en los 70 y siguen en el limbo de la ignorancia, pero aconsejando. por J.Trejo
Posted by Durruti in Comentarios a la polemica, Polemica Galasso-Proyecto Sur on March 8th, 2009
(En relación a comentarios de Jorge Devicenzi sobre Luis Brunatti en el marco de la polémica con Galazo)
Decididamente, la combinación de soberbia e ignorancia es la clave de la derrotas del campo popular de las ultimas cinco décadas.
Afirmar que la argentina es una sociedad blindada al cambio social y político, además de constituir una inexactitud en el análisis socio-político, es una verdadera hijoputez.
Solo la ebriedad conceptual de ex vanguardia iluminada devenida hoy en prudente consejera, sin autocrítica mediante, es capaz de afirmar que el pueblo argentino es la misma “mierda” que voto a Menem y no salio a la calle sino hasta setiembre del 2001.
Faltaría agregar que es el mismo pueblo culpable del fracaso de las luchas de los 70. Eso si sería el paroxismo del resentimiento.
Los mismos que creían que Perón era Fidel Castro que volvía a fundar la “Patria Socialista” ya hoy viejos chotos, haciendo homenaje a la exactitud del dicho “ El que se quemó con lache, cuando ve la vaca llora”, nos explican y aconsejan que “como el gobierno de Kirchner está a la izquierda de esta sociedad conservadora y mezquina, hay que, como en otras épocas, encerrarse en caracterizar y recaracterizar al gobierno, polemizar y pajerizarse porque es lo único que se puede hace, de frente al fatalismo que representa un pueblo blindado frente al cambio. De última, si la cosa no cambia por ahí se liga una banca o algún nombramiento en alguna pedorra campaña de alguna cosa.
No, mi amigo, Brunati no es boludo infectado con enfermedad infantil de los procesos revolucionarios, es un hombre con el que se puede estar de acuerdo o no, pero que tiene todo el derecho a decir lo que piensa sobre lo que se debe hacer y sobre las medidas que el gobierno no toma.
Tampoco lo son el compañero Pino Solanas ni lo es Norberto Galasso. La necesidad de nacionalizar el petróleo, la minería, poner en caja a la oligarquía y democratizar la renta agraria y construir un movimiento nacional popular latinoamericanista y revolucionario no es una tarea que se deba dejar de la do porque algunos señores piensan que esta gente mierda no da para mas,
La aceptación de que este gobierno es el “non plus ultra” del antiimperialismo que nos podemos permitir, es traicionar a todos los que dejaron el cuero en las luchas populares de este siglo.
Quien carajo dijo que la política revolucionaria consiste en hacer lo que conviene, la lucha revolucionaria es la empresa de tratar de cambiar un mundo injusto por uno mejor para nuestros hijos. Hay que decir la verdad, porque las nuevas generaciones se merecen al menos eso.
Si se puede hacer lo que hay que hacer, eso esta por verse y en la cancha se ven los pingos.
Acaso Fidel Castro, Chavez Evo Morales o Correa son extraterrestres enviados estratégicamente a países que no están blindados contra el cambio.
Hay que abocarse a la tarea de formar un frente Nacional Antiimperialista basado en un acuerdo programático, si Kirchner viene mejor así somos mas.
Yo propongo que al pueblo argentino lo dejemos participar, porque aunque se porto mal con nosotros en épocas pasadas, lo trataremos de perdonar.
Me cache en die.
J.TREJO
EL DESAFIO DEL OFICIALISMO EN 2009 Por Teodoro Boot
Posted by Durruti in Polemica Galasso-Proyecto Sur, Politica on March 8th, 2009
El autor explica por qué el que tenemos no es el mal gobierno de un país de genios, sino el gobierno imperfecto de un país de ineptos, y por qué lo que está en juego es tanto como el destino de la Argentina: la reconstruccióndel Estado, la posibilidad de recuperar la soberanía y de desarrollarnos, de poder evolucionar hacia una sociedad más justa e igualitaria.
La cuesta
El agotamiento de su modelo de construcción política y el nuevo escenario económico global jaquean al kirchnerismo de cara a las elecciones de octubre. Se abre una nueva etapa donde ya nada será como antes. ¿Prevalecerá la impronta nacional y popular ante la resurrección del estilo moderado neoconservador?
“Ya nunca me verás como me vieras…”. Homero Manzi, Sur.
El año 2008 podría ser recordado –si merece serlo– como el del agotamiento de una receta: la elegida por Néstor Kirchner para salir del tembladeral que acabó con cinco presidentes en tiempo record, colocó al país en cesación de pagos, consolidó una marginación estructural –en nuestro país, inusitada–, terminó de desquiciar el sistema institucional, del político al policial, pasando por el económico, el cultural y el judicial. Un tembladeral correspondiente a un “país inviable” que había renunciado a su soberanía aun en sus manifestaciones más nimias y que, en caída libre rumbo a la dolarización, se encontraba a las puertas de perder hasta la moneda.
Un país que ya no era uno sino varias regiones dirigidas por otras tantas oligarquías conservadoras de camiseta peronista coexistiendo dificultosamente y sujetas a tensiones excéntricas.
Entre otros muchos frutos del paraíso neoconservador.
La doctrina de los Derechos Humanos
Con el propósito manifiesto de reconstruir la autoridad política presidencial, la receta de Néstor Kirchner en lo político-institucional consistió en dotar de integridad, independencia y eficacia al poder judicial a partir de la remoción de su cabeza, que había sido, como en todo, lo primero en pudrirse: la destitución de la anterior Corte Suprema y su reemplazo por juristas de idoneidad e independencia reconocidas fue una medida cuya real trascendencia nos resulta difícil calibrar a los contemporáneos. Otro tanto ocurre con la supresión de las leyes que consagraban la impunidad en materia penal (la eliminación de la impunidad de los delitos económicos seguirá siendo materia pendiente en tanto no se modifique sustancialmente la estructura económica y productiva del país) junto a la plena vigencia de los derechos humanos.
Aclaremos: la plena vigencia de los derechos humanos no significa que no se violen, sino que su violación es sancionada.
Segunda aclaración: algunas personas incautas, por llamarlas de alguna manera, sospechan y hasta han llegado a afirmar que los derechos humanos fueron y son esgrimidos como tapadera de negociados, desfalcos y váyase a saber qué cosas; o, en todo caso, como un simple recurso demagógico. Como siempre, lo que vale no es la intención, ni mucho menos la motivación, sino los hechos, razón por la que el ejercicio ilegal del psicoanálisis que apasiona a innumerables periodistas y “observadores” y a no menos políticos de pacotilla carece por completo de pertinencia y más vale prescindir de tales masturbaciones. Lo que aquí importa no es sólo que los derechos humanos en sí mismos deben ser respetados y necesitan consolidarse como un valor incuestionable de una sociedad, sino que además constituyen una doctrina que contraponer y con la que reemplazar a la de la seguridad nacional en la formación y funcionamiento de las fuerzas armadas y las distintas fuerzas policiales del país.
Se dirá que nadie cuestiona la importancia de la independencia judicial ni de la vigencia de los derechos humanos. Es verdad, tan sólo unos pocos taitas se animan a hacerlo a viva voz. Sin embargo, están en estos dos puntos las razones del odio negro que Néstor y Cristina Kirchner han sabido merecer por parte de ciertos sectores sociales y especialmente por un nutrido grupo de dirigentes de diversos partidos políticos, empezando por el justicialista.
También es cierto que ese rencor –que a menudo orilla lo grotesco– es en la actualidad promovido por los grandes grupos económicos con los que el kirchnerismo alternativamente fue discutiendo y pactando, pero a los que de ninguna manera se ha subordinado en forma automática.
El salvavidas de plomo
Con la pesificación heredada de tiempos de Duhalde, la receta económica de Néstor Kirchner fue simple: superávits gemelos, obra pública, aumento de salarios y jubilaciones y por ende, del consumo –lo que como consecuencia traería aparejado un aumento de la producción y el empleo– subsidios a los servicios privatizados, escaso fomento directo a la pequeña empresa, depredación de los recursos naturales y cierto errático sistema de acuerdos con los “formadores” de precios.
La receta dio buenos resultados en lo inmediato, pero muy pronto encontró su límite, que está en la estructura social y económica que quedó como saldo de 25 años de entrega y destrucción. Por ejemplo, con un todavía altísimo nivel de desempleo, la industria se topó con un gran escollo: la falta de mano de obra. A la vez, el porcentaje de empleo en negro sigue siendo descabelladamente alto, lo que desfinancia la seguridad social y el sistema jubilatorio, produce una notable desigualdad en los ingresos de los trabajadores y ahonda los abismos que dividen a los distintos sectores que al menos nominalmente componen la sociedad nacional.
Tal vez se debió haber apelado a políticas de distribución más directas, como las propuestas por la CTA, que dieran más alcance al círculo virtuoso originado en el incremento del haber mínimo jubilatorio así como en los casi dos millones de nuevas jubilaciones, pero convengamos en que el problema no era imputable a las autoridades y que esos sistemas distributivos tampoco son una solución de fondo. Tampoco lo es la redistribución de ingresos por vías indirectas, cuya importancia suele escamotearse. La nuestra es una sociedad que no existe como tal, en tanto la misma geografía política contiene a personas que no pertenecen a la misma comunidad. Para peor, la enorme porción marginada no se compone de expulsados, sino de hijos y nietos de quienes alguna vez fueron excluidos. Su integración –que merecería ser el objetivo nuclear y ordenador de todo gobierno– no podría ser obra de una administración y tal vez ni siquiera de una generación, lo que de ninguna implica que no se requiera de políticas más activas, ambiciosas y totalizadoras de las que pueden ser implementadas desde Acción Social: la entera estructura de lo que quedó del Estado debería estar al servicio de la incorporación de quienes son excluidos de todo, hasta del ejercicio de la ciudadanía.
Otro límite, previsible desde un primer momento, lo encontró el sistema de acuerdos con los grupos más concentrados de la economía, que fueron respetados por éstos en tanto le eran útiles para incrementar su ya casi absoluto poder sobre la estructura económica del país. El gobierno de Cristina Fernández sigue insistiendo en esta estrategia, cuando está claro que esos grupos económicos ya no necesitan del Estado ni de las autoridades políticas. Por el contrario, éstas constituyen un estorbo y son objeto de permanente extorsión. El resultado de la estrategia elegida para el “control” de precios fue una aun mayor concentración de la estructura económica y productiva, vale decir: pan para hoy y hambre mañana, un mañana que ya es hoy.
En cierto sentido podría decirse que los límites de la receta kirchnerista se debieron a su éxito, pero el agotamiento fue consecuencia de la pereza intelectual o acaso de la superficialidad y pobreza ideológica de sus dirigentes, que no comprendieron (o no les importó) que la receta que en lo inmediato tan buenos resultados le daba, volvía a la sociedad –y aun a ellos mismos– todavía más inermes frente al creciente poder de los grandes grupos económicos.
El caso Techint –otrora niña mimada de la administración kirchnerista– y muy especialmente el de los grandes medios de comunicación, beneficiados con una prórroga arbitraria de las licencias vencidas mientras se dejaba en la banquina una ley de radiodifusión que democratizara ese espacio, son ejemplos evidentes de lo cortas que son las patas de esa receta.
La conjura de los necios
En líneas generales, esta estrategia de trazo grueso, sumamente errática en la implementación de políticas específicas, constituyó una saludable novedad: la de un gobierno que con sus más y sus menos se puso del lado de los intereses nacionales y populares en vez de servir de dócil instrumento de los intereses externos. Se trata de un “detalle” que los críticos de ésta y la anterior gestión, a veces solemos olvidar, pero que bajo ningún punto de vista pasa desapercibida a aquellos que han hecho sus carreras en base a la sistemática y recurrente entrega del patrimonio nacional, lo que se advierte con claridad en las conductas y actitudes corrosivas de gran parte de los opositores y no pocos ex oficialistas o en vías de dejar de serlo, y de los voceros del establishment en general.
Pero esa estrategia ha hecho implosión en el 2008 con la resolución 125 y la demencial batalla librada a su alrededor, donde al empeño suicida de los productores se correspondió la no menos suicida contumacia gubernamental, que habiendo partido del error, se obstinó en reiterarlo.
La resolución 125, más allá de las explicaciones y retoques a posteriori, se originó en una necesidad de caja (no “la de Cristina”, como dicen las tontas señoras y señoros gordos, sino la del Estado nacional) sin responder a ninguna estrategia en materia agropecuaria. Simplemente porque no la había, por desidia, desinterés y, si se quiere, “unilateralidad”, por ese empeño tan propio del kirchnerismo de funcionar en una sola dimensión. Por ejemplo, la necesidad de mantener los superávits gemelos de ninguna manera implica carecer de políticas agropecuarias, o industriales o educativas o sociales, en resumen, políticas específicas para cada área, y dentro de ellas, para los distintos problemas, conflictos y realidades parciales.
Las autoridades creyeron que con “la receta” del trazo grueso bastaba, y en cambio “la receta” reveló su agotamiento. Lo grave de la situación, el indicador más crudo del marasmo nacional fue que no era solamente el gobierno, sino los propios interesados quienes no tienen –ni quieren tener– una política agropecuaria. Por no mencionar el descarrilamiento de una supuesta izquierda –desde Vilma Ripoll y Alderete a Lozano y Pino Solanas– que sirvió objetivamente a la peor de las derechas, llegando en algunos casos al absurdo (o a la demostración por el grotesco del sainete en que eran actores de reparto) de marchar del bracete de la más infame oligarquía llevando en las pancartas la imagen del Che.
Pero la orfandad, la liviandad, la estupidez de los diversos sectores políticos y sociales no justifica la liviandad y estupidez gubernamentales, si bien sirve para ponerla en perspectiva: éste no es el gobierno imperfecto de un país de genios, sino el gobierno imperfecto de un país de ineptos.
De lo nuestro, lo peor
Al agotamiento de la receta económica que tuvo lugar el año pasado, se corresponde la implosión de la receta política que está teniendo lugar en estos momentos y cuyo ejemplo tal vez más emblemático lo constituye la renuncia de Carlos Reuteman al bloque de senadores oficialista.
Podría decirse: el crimen no paga. Pero encima, el criminal insiste: ya esta “receta” que los genios del kirchnerismo aplicaron en el caso Reuteman había dado los mismos frutos cuando Néstor Kirchner optó por Guillermo Schiaretti a expensas de Luis Juez, con el resultado previsible que puede tener el entronizar a un tartufo consuetudinario ya en vías de defunción política y a la vez transformar a un aliado incómodo pero aliado al fin en la yarará ciega y rabiosa que hoy es Luis Juez. También Busti fue por entonces resucitado por Néstor Kirchner, por no mencionar a una numerosa cohorte de adefesios “peronistas” del conurbano, empezando por Felipe Solá, uno de los tantos cajetillas incompetentes que tan desolador vuelven el panorama político argentino.
La resurrección del oscuro senador Carlos Reuteman obedece a la misma lógica y tiene los mismos resultados. La receta política –equivalente al “control” de precios en base a acuerdos con quienes los distorsionan– también ha mostrado su límite. Y esto se debe a que el odio que Cristina y Néstor Kirchner despiertan en quienes entregaron el país y se enriquecieron en el proceso -o en aquellos que en su momento no supieron cómo detener la caída libre nacional- es superior a sus propios intereses políticos y aun económicos.
A estas alturas no es posible creer que con un gobierno “normal” alcanza, que alcanza con una eficiente administración de los asuntos públicos para resolver los problemas de la Argentina actual, que el espíritu “parlamentarista” de la gestión de Cristina Fernández logrará convocar a un arco opositor que es evidente que está más interesado en la destrucción de su Gobierno amental que en el interés nacional, el crecimiento propio y la puesta en práctica de sus ideas, si acaso las tiene.
La discusión hoy no es acerca de una gestión gubernamental sino que se trata de la existencia nacional, la reconstrucción del Estado, la recuperación de la soberanía y el desarrollo de una sociedad más justa e igualitaria, objetivos hacia los que el gobierno avanza con vacilaciones y a los tumbos, pero de los que la oposición descree manifiestamente.
Esto requiere de políticas diferenciadas y exige previamente de una “idea” de la sociedad a la que se aspira, “idea” que, para ser posible, debe ser compartida sino por el conjunto, al menos por una porción significativa de la comunidad nacional. Una comunidad que hoy no es más que una sumatoria de personas que están solas y pasivas frente al televisor, listas para pensar y comprar lo que el poder económico quiere que piensen y compren.
Los “estrategas” del kirchnerismo deberían tomar nota. Tal vez entiendan que ya no es posible navegar a dos aguas, que entre las dos argentinas posibles es necesario tomar partido con mayor claridad y que si en una cuesta uno se queda a mitad de camino, se cae.
Sobre “El enemigo principal”, por Jorge Devicenzi
Posted by Durruti in Comentarios a la polemica, Polemica Galasso-Proyecto Sur, Respuestas a Galasso on March 8th, 2009
El compañero Luis Brunati confunde sus propias utopias (aquello que no
existe) con la realidad, pero la cuestión surge cuando uno debe pensar
necesariamente cómo cambiar la realidad y cuál es esa realidad que se
debe cambiar.
La situación se parece mucho a la que él, yo, y muchos otros, vivimos
cuando triunfó la Revolución Cubana. Si en Cuba se pudo, ¿por qué no
acá? fue, dejando de lado todas las explicaciones, estrategias,
análisis, documentos, que circulaban entonces, la expresión de una
voluntad que, se comprobó luego sangrientamente, iba en sentido
equivocado.
Hoy podemos decir que jamás la revolución en la Argentina pudo hacerse
como en Cuba. El por qué ya lo sabemos.
Pero podríamos tomar otro ejemplo muuy distinto. ¿Por qué en Brasil no
se producen los cambios en el mismo sentido que Venezuela, Bolivia y
quizás Ecuador?
Se le puede endilgar a Kirchner que no haya comprendido lo importante
que es la construcción política del sujeto de cambio, y cuyo resultado
se vio palmariamente durante el enfrentamiento con los campesinos
empobrecidos de la Sociedad Rural. Se le pueden endilgar a Kirchner
muchas otras cosas, incluso la de estar maniobrando de manera tal de
hacer naufragar su propio proyecto. Es cierto lo del petróleo, y
también es cierto que está en el límite del fracas su política de
control de precios y subsidios, que no son (aunque sí secundariamente)
subsidios a los amigos sino al consumo. ¿Y quien puede estar en contra
de un subsidio al consumo que durante un tiempo significó un
sustancial aporte a la redistribución de la riqueza? Y todo lo demás
que se le puede endilgar seriamente a Kirchner, con honestidad, lo
publicamos en Zoom, y antes en Causa Popular, desde 2 o 3 años atrás,
lo cual siempre refirió a un análisis contradictorio (a tal punto que
un lector me escribió para decirme que era un real pelotudo) y en eso
pongo como ejemplos claros las notas de Boot, que reflejaron
perfectamente esa posición.
Aquí por ejemplo, no es cuestión solo de reivindicar el Estado y
asignarle tareas de intervención, sino de reconstruirlo. Que es algo
muy diferente.
Lo cierto es que Brunati se olvida o no ve en que país vive. Este país
es el que no soportaría ni un segundo algo que marchara claramente
hacia lo que Brunati propone. Es la sociedad argentina, esa que casi
vuelve a votar a Menem por todos los vidrios de colores. Esa que salió
en el 2001, pero no había salido antes, cuando la desocupación llegó
al 16% y cuando el país era desguazado primorosamente por estos hijos
de puta. Y cuyos muertos en el 2001/2002 fueron la cuota necesaria
para devaluar y ponerle el moño al país imposible e inviable.
Pues bien, esa sociedad es esta misma.
Y el que pìensa esto comprende, a diferencia de Brunati, que lo que él
quiere es un delirio de una pequeña minoría insustancial. Incluso
aunque, por el efecto de la dispersión y el olvido y la taradez
reinante, él y Solanas saquen algunos votos.
La cuestión es que, como decía Boot, este gobierno incluso con lo que
es, está a la izquierda de la sociedad real que Brunati no ve. Con lo
que esta sociedad se apresta a organizar si es que puede (y en este
sentido, sospecho que el propio Kirchner está operando en el terreno
adversario) para volver a derechizarse, para volver a los vidrios de
colores que tanto la subyugan. Asi que dejémos de joder.
EL ENEMIGO PRINCIPAL Segunda y última parte Por Luis Brunati *
Posted by Durruti in Polemica Galasso-Proyecto Sur, Respuestas a Galasso on March 8th, 2009
Creo necesario detenerme en un eje interesante de la segunda nota de Norberto Galasso (Página 12, 23/2/09), en el cual habla de lo pernicioso que sería para la los importantes procesos populares de América Latina, un giro a la derecha en Argentina. Demás está decir que comparto absolutamente el criterio. Lo que no comparto, es que haga falta una derrota electoral K, para que ello se produzca. El giro a la derecha se viene produciendo sin que -hasta el momento- haya hecho falta una derrota electoral del gobierno. Más aún, a diferencia de lo sucedido en Venezuela y Bolivia, donde el creciente respaldo electoral fue correspondido con una profundización en sus definiciones, en el caso de los Kirchner al mayor respaldo popular le siguió un retroceso. O sea que, si el apoyo popular se traduce en mayor espacio para hacer lo que un gobierno siente que debe hacer, es evidente que la pareja presidencial siente para el lado contrario a lo que reclama ese apoyo popular. Como todas las cosas, esto también tiene su historia.
Muchos que, como yo, votamos K y activamos en su favor para la segunda vuelta,lo hicimos pensando en la necesidad de derrotar a Menem. En mi caso personal, la decisión no fue fácil. Había sido testigo directo del apoyo sureño al hijo de La Rioja. ”Aquí está el pueblo de Santa Cruz apoyando el proceso de transformación y cambio que la Argentina debe llevar adelante”, supo decir el entonces gobernador Kirchner para recibir a Menem, a quien no dudó en definir como “El mejor Presidente de la historia” a pesar de los indultos, el desguace de la nación y todo lo que es de conocimiento público. Como una experiencia particularmente grabada en la retina, estuvo siempre presente la bochornosa sesión de la privatización de YPF y el papel especialisimo que jugó en ella, tanto el gobernador como los diputados de Santa Cruz.
Con el triunfo de Menem, en primera vuelta, nuestro modesto grupo entendió que se debía salir a activar, colaborando con todas nuestras fuerzas para evitar que ese triunfo se consumara. Desde esa responsabilidad participamos en diversos foros haciendo pública nuestra posición: “Kirchner no es lo mismo que Menem”.
La verdad es que, ya en el gobierno, nos sorprendieron gratamente sus primeras acciones en materia de derechos humanos. Para bien, las actitudes de este presidente, nada tenían que ver con las de aquel intendente de Río Gallegos. Como tantos otros, creí ver en la “conversión” un vínculo algo oportunista, pero vínculo al fin, con el excepcional momento Latinoamericano y los profundos cambios operados en la sociedad argentina, de los cuales las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, habían sido la expresión más palmaria. De hecho, algo de esa reconsideración de los derechos humanos en las filas del PJ ya habíamos tenido oportunidad de observar durante la brevísima presidencia de Adolfo Rodríguez Sáa, en su reiterada invocación a “la lucha de las Madres de Plaza de Mayo”.
Pero volviendo a Néstor y nuestro espacio, todo aquello reconfortaba y preocupaba a la vez. Reconfortaba por las expectativas que generaba a nivel local y regional. Preocupaba por el durísimo golpe que habría de significar que, cuestiones tan sagradas, pudieran llegar ser implementadas a favor de los intereses de siempre. Asimismo, con dudas y todo, pensamos que se debía privilegiar la esperanza.
Con el correr del tiempo y las no pocas sobreactuaciones típicas de toda conversión, fuimos advirtiendo que la primavera de los derechos humanos se iba restringiendo selectivamente a cuestiones que no afectaran los negocios. Como en la época de Menem-Cavallo-De La Rua, la justicia social debía aguardar por el “derrame”. Con más tiempo, las cosas se hicieron cada vez más nítidas y menos gratas. Al mismo tiempo que en Venezuela y Bolivia se profundizaban el compromiso con el cambio; en nuestro país, una retórica “progresista” anunciaba el extraordinario “logro” de pagarle al FMI. Y con Ecuador ya incorporado a la causa regional, el Congreso Argentino aprobaba la Ley antiterrorista a pedido del gobierno norteamericano, y en la cortina de humo generada por la controversia, se colaba la segunda privatización petrolera extendiendo las concesiones hasta el año 2047, es decir, hasta la extinción total del petróleo, tal como lo afirmara el MORENO y su presidente Pino Solanas.
Cuando comenzó a insinuarse Paraguay como nueva esperanza, la pareja presidencial anunciaba su intención de “honrar la deuda” con el Club de París. Luego supimos del Tren Bala, derribado por la propuesta del Tren Para Todos. Mas tarde surgió la “redistributiva” Resolución 125, que encerraba un negociado del mismo monto que se proponía redistribuir; y cuando aún no se habían acallado los ecos de aquel escándalo, surgía la nacionalización de Aerolíneas por 1 dólar, trasformada recientemente en otro nuevo escándalo al hacerse público el arreglo con Marsans. Y cuando creímos que habíamos llegado al límite con el veto a la Ley de protección de los glaciares a pedido de la Barric Gold, sobrevino el blanqueo, el tarifazo y el desastre de Tartagal ocasionado por los desmontes irracionales y la no reglamentación de la ley de bosques – a pesar de que también se prefirió responsabilizar a la “pobreza estructural y el egoísmo de los que más tienen”
El enemigo principal Por Luis Brunati *
Posted by Durruti in Polemica Galasso-Proyecto Sur, Respuestas a Galasso on March 8th, 2009
Saludamos el tono del artículo de Norberto Galasso (en Página/12, el 2 de febrero pasado), aunque no la tendencia a eludir los temas de debate. En efecto, Galasso enumera los temas, pero lo que interesa no es saber cuántos son, sino qué opina sobre cada uno de ellos. También se dice que el artículo de Alcira Argumedo (en Página/12, el 27 de enero) no refutó “las apreciaciones correctas de Barcia sobre la mortalidad infantil”. Al respecto, creo conveniente señalar que el hambre es un crimen siempre, e independientemente de la variación de uno o dos puntos en los guarismos. Sin embargo, en el caso particular de la Argentina, el hambre es un crimen calificado, consentido y evitable. ¿Cómo se puede justificar que en un país que produce 134 millones de toneladas de alimentos y una renta inmensa discutamos el tema en base a cifras del Indec, cuyo contraste con la realidad es para todos inquietante? Aquí, es un tema de prioridades y voluntad política. ¿Qué es prioritario, pagar deuda externa o salvar vidas? Tanto Menem, como De la Rúa y la gestión K han privilegiado el pago de los servicios de la deuda externa, además de aceptar que los recursos petroleros y mineros se extraigan sin control público y se exporten dejando las divisas en el exterior. El ciento por ciento para el caso de las mineras y el 70 para las petroleras, tema denunciado reiteradamente por Pino Solanas y Proyecto Sur.
No obstante, la clave del artículo de Galasso está en la definición del “enemigo principal”. Al respecto, ya nadie discute que, utilizando el terrorismo de Estado, la dictadura militar contribuyó a consolidar un nuevo bloque de poder hegemónico en el país, conformado por grupos económico-financieros locales y externos –incluyendo a los grandes propietarios de tierras, cada vez más concentradas y extranjerizadas– con el apoyo de Estados Unidos, países europeos, el FMI y el Banco Mundial. Estos fueron los beneficiarios del saqueo de recursos públicos y sociales durante los treinta años siguientes, comenzando por el carácter fraudulento de la deuda externa y la estatización de la deuda privada, realizada por Domingo Cavallo desde el Banco Central, durante la dictadura. Con el retorno de la democracia, la fortaleza alcanzada por ese bloque de poder, sumada a la escasa voluntad política, permitió desarticular el Estado de Bienestar y el Estado Empresario y la potestad soberana del Estado Nacional, facilitando un descomunal traslado de recursos públicos y sociales en favor de los nuevos dueños de la Argentina.
Así, el saqueo articulado al amparo del terror durante la dictadura se consolidó en democracia a través de verdaderas estructuras de corrupción, conformadas por los grupos económico-financieros, parte de la dirigencia gremial y los dos partidos mayoritarios.
La alternancia bipartidista –incluyendo la cooptación de sectores como el Frepaso– permitió la continuidad de los mecanismos de despojo: subsidios a la descentralización industrial y a las exportaciones; especulación financiera; pago de la deuda sin evaluar su legitimidad; privatizaciones leoninas; altas tarifas en dólares sobre mercados cautivos; prebendas a los “amigos del poder”; complicidades espurias; intercambio de expertos económicos o referentes políticos; “empresarios nacionales” súbitamente enriquecidos y similares; lo cual no está exento de conflictos de intereses y tensiones en su interior. Dadas las dramáticas consecuencia de esta estructura de corrupción, preocupa que se banalice el tema de la corrupción económica. En todo caso, ese bloque de poder y sus cómplices son el enemigo principal. Son ellos los que se benefician con el sacrificio y dolor de nuestro pueblo.
Precisamente, en Venezuela, Bolivia y Ecuador, las fuerzas populares lograron quebrar la trampa de ese tipo de bipartidismo. Por ello, la nacionalización de los recursos estratégicos y empresas clave para esas economías y el repudio a la deuda externa ilegítima no constituyen una “casualidad permanente”, sino movimientos clave para garantizar la redistribución de la riqueza y el bienestar del pueblo. Si se considera que solamente la derecha política, junto a la “nueva derecha” y la oligarquía rural, conforman el “enemigo principal”, por carácter transitivo parecieran pertenecer al campo del pueblo Techint, Monsanto, British Petroleum, Repsol, Pan American Energy, Shell, Esso, Ford, Barrick Gold, Minera La Alumbrera, Grobocopatel, Bunge y Born, Cargill o la Aceitera General Deheza del senador oficialista Urquía, entre otros tantos “amigos del poder”, y entonces se comprende por qué razón muchas de estas corporaciones han recibido subsidios o prebendas del orden de los 10 mil millones de dólares anuales.
En cuanto al tema de la Resolución 125, sistemáticamente se omiten varias claves. Son el diputado Lozano, los diputados del SI y el ex diputado Mario Cafiero quienes denuncian que el proyecto oficial encubre una maniobra que perjudica al Estado, en una suma superior a los 1700 millones de dólares (no pesos) y presentan un proyecto propio a favor de las retenciones móviles segmentadas, que incluye la investigación del ilícito denunciado. Este proyecto no fue llevado a votación, porque en Diputados ganó el proyecto oficial. Para colmo de males, gracias a la maniobra, el Estado nunca llegó a cobrar las alícuotas fijadas en “la 125” y que sí las agroexportadoras descontaron a los productores. Otro dato interesante es que antes del voto no positivo de Cobos, catorce diputados del Frente para la Victoria votaron en contra del proyecto oficial. Por todo ello, no es bueno que se pretenda comparar el sentido de nuestro voto con el voto de la derecha. Nosotros nos negamos a acompañar al Gobierno en el fraude, no en las retenciones. Galasso reconoce el negociado, al hablar de las acciones judiciales iniciadas por AFIP, pero soslaya que son posteriores a nuestra denuncia, cuando la maniobra entre los funcionarios del Gobierno y las agroexportadoras había tomado estado público. Pero la cosa no queda allí, la posterior ley de blanqueo exime a las agroexportadoras también de esa responsabilidad. Por todo ello, nos parece en extremo injusto que el compañero Galasso pretenda adjudicarnos “una grave responsabilidad si se frustra esta gran oportunidad”. En todo caso, si se frustrara esta gran oportunidad, no sería a causa de nuestras humildes críticas, sino a consecuencia de los propios errores políticos del Gobierno y su definición del “enemigo principal”.
Finalmente, en relación con las apreciaciones que el compañero Galasso realiza sobre la obra de Perón y, más allá de que sin duda hubo errores que no intentaré justificar, sus extraordinarias realizaciones en el campo social, los derechos del trabajador, la ancianidad, la niñez, la educación, la salud, energía, infraestructura industrial, obra pública, desarrollo tecnológico e incluso su concepción ambientalista expresada hace casi 40 años en el “Proyecto Nacional” tornan injusta cualquier comparación con gestiones posteriores.
* Docente, integrante de la mesa nacional de Proyecto Sur.
